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Escrito por Andrés
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sábado, 01 de diciembre de 2007 |
A fines del siglo XIX y comienzos del XX el transporte en Valparaíso se hacía en base a animales de tiro, utilizándose en especial el caballo. El público disponía del tranvía de sangre o ferrocarril urbano, creado en 1863 con veinte carros, que fue desplazando a los coches.
Las carrozas eran tiradas por briosos corceles, cuyo número oscilaba de acuerdo a la calidad del servicio contratado. A veces era indispensable que un postillón, o sea, un hombre a caballo que guiara al resto, cuando el cortejo se dirigía a los cementerios de cerro Panteón, por la empinada subida Ecuador. Este sistema se mantuvo hasta alrededor de los años 60 en que aparecieron las carrozas automóviles.
Para las mudanzas se disponía de ramplas abiertas conocidas como “golondrinas”, algunas de las cuales se estacionaban en calle Pudeto con avenida Brasil, en avenida Francia y en otros lugares en espera de clientes. La basura se retiraba desde los domicilios mediante mulas, que portaban capachos en sus costados. Los burros eran los encargados de transportar la leña, en esos tempos, se usaba en los hogares en abundancia al igual que el carbón, producto que era indispensable para la cocina y la calefacción. Las bombas contra incendio también fueron arrastradas por caballos, generalmente percherones, que eran cuidados con esmero por los voluntarios, los que les ponían nombres cariñosos. Era habitual que en estos integrantes del reino animal les acompañase algún perro, de modo que la fauna que pululaba por las calles era numerosa, de acuerdo a las necesidades de la época.
Por supuesto que su presencia en la ciudad requería de ciertos elementos mínimos para su atención.
Uno de ellos eran los abrevaderos, bebederos o piletas, como el que mostramos en la lámina que ofrecemos, donde esos animales pudieron saciar su sed o bien sus propietarios o conductores los aprovechaban para asearlos. Se encontraban en diferentes puntos de la ciudad y también en Viña del mar; donde uno de los más recordados estaba en las cercanías de la estación ferroviaria. Uno de esos bebederos se resistió a desaparecer y permaneció vigente hasta los años 70. Estaba situado en el barrio El Almendral, en calle Tóvala, hoy Guillermo Rawson, con Yungay, en la esquina contraria al Mercado, al frente de donde hubo un edificio en que estuvo una carnicería, que se incendió y fue reemplazado por otro de un piso, donde se expendían lácteos.
En mayo de 1902 apareció el primer automóvil que llegó a Valparaíso. Era un Barracq de un cilindro. Lo importó Besa y Cía. Para Carlos Pulma Besa, que fue el primer porteño que se desplazó a motor por las calles de la ciudad. En 1903 empezaron a circular los tranvías eléctricos, por lo cual la rotación de caballos en la calle comenzó a disminuir. En 1912 había ya un mayor número de vehículos; incluso en Viña del Mar estuvo la primera armaduría de automóviles del país, Westcott, que abastecía a la firma Lever, Murphy y Cía., propietaria de los astilleros y maestranza de caleta Abarca. Diez años después, en 1922, se instaló en plaza Aníbal Pinto la primera bomba expendedora de bencina. Pertenecía a la West India Oil Co. Era una bomba T-3179, accionada a mano y que vendía bencina verde wico, importada por cierto.
Texto de Luciano Figueroa C.
Propiedad de “El Mercurio”.
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Modificado el ( martes, 08 de enero de 2008 )
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