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La vista que ofrecemos hoy corresponde a la avenida Francia, la antigua quebrada y estero de Jaime. Llevaba ese nombre tomado de un pequeño empresario, Francisco Jaime, que tenía un horno, donde cocía tejas y ladrillos, situado en el sector del actual Hospital “Carlos Van Buren”.
Como la corriente del estero crecía en el invierno, lo que impedía entregar sus productos en el barrio Puerto, el trabajador construyó un puente, a lo que es hoy calle Victoria, el cual la gente denominó como Jaime, nombre que extendió a la quebrada y el estero, conocido antes como Piedrecillas.
En la desembocadura del estero había una caleta de pescadores que se mantuvo en el lugar alrededor de 1928, fecha en que los 227 pescadores debieron abandonar el lugar, al tomar éste otra fisonomía, e instalarse en lo que hoy es la Caleta Portales.
En una explanada de la quebrada se construyó en 1900 un redondel para corridas de toros, el que fue inaugurado el 21 de octubre. Sin embargo, un año después, fueron prohibidos esos espectáculos. Más tarde, el 7 de septiembre de 1902, se habilitó un frontón, que no despertó entusiasmo entre la juventud, como tampoco un teatro que se habilitó con posterioridad. Ambos tuvieron, por lo tanto, existencia efímera.
La avenida Francia fue abovedada y pavimentada en 1912, lo que permitió ubicar mejor la columna francesa.
La avenida Francia, desde la época de la fotografía que ofrecemos hasta nuestros días, ha cambiado poco en su edificación.
Hay un par de construcciones nuevas y otras han perdido algunos de sus pisos a consecuencia de los terremotos.
En el centro de la calzada, entre avenida Pedro Montt y calle Victoria, se alza la columna que la colectividad francesa residente obsequió a la ciudad, con motivo del centenario de la independencia en 1910. Se dice que el águila imperial fue esculpida por Virginio Arias. Otros opinan que es un cóndor, de cuyo cuello colgaba un collar dorado. Alguien pensó que se trataba de un objeto de oro, por lo que se las ingenió para hacerlo desaparecer. Al pie, en sus primeros tiempos, había un espejo de agua, abastecido a través de la cara de cuatro mujeres.
Texto de Luciano Figueroa C.
Propiedad de El Mercurio.
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