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Los conventillos constituían una de las soluciones habitacionales para las familias más modestas que en el 1900 residían en esta ciudad. La fotografía de marzo de ese año muestra el interior de uno de ellos, donde aparecen mujeres hacendosas lavando la ropa de su grupo.
Como se puede apreciar, se trataba de edificaciones de un piso, donde vivían varias familias en condiciones precarias. Con el pasar de los años, fueron reemplazados por inmuebles de dos y hasta tres pisos, arrendados por habitaciones y con servicio higiénico común. Se caracterizaron, por lo general por su construcción deficiente y una mantención peor, que naturalmente no estimulaba a sus inquilinos al progreso. En tiempos mas modernos aparecieron como sustitutos las mediaguas, y en el presente las soluciones sociales, que son bloques de tres y hasta cuatro pisos, con departamentos de espacio reducido, pero mas confortables y premunidos de servicios higiénicos, que contribuyen a elevar las condiciones de vida y permitir la privacidad de los grupos de ingresos mínimos, que postulan a su adquisición. Las lavanderas, como las que aparecen en la lámina, también marcaron una época en la existencia de los porteños, por cuanto no sólo trabajaban para los suyos, sino que por una suma determinada, atendían las necesidades de personas de mejores recursos. Era característico observar por las calles a estas mujeres con una bolsa en que transportaban la ropa cuyo lavado se les encomendaba. La aparición de las lavadoras, aporte de la tecnología y las lavanderías, fue eliminando del paisaje porteño a estas trabajadoras cuya presencia, por varias décadas, fue esencial para muchas familias.
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