|
La actual avenida Pedro Montt nace en plaza de la Victoria y concluye en calle Eusebio Lillo, donde se alza el templo de los Jesuitas. En el pasado esa arteria nacía en plaza de la Victoria, llegaba hasta el crucero Rubio y continuaba por lo que hoy se conoce como calle Victoria hasta avenida Argentina.
Al tramo de Pedro Montt que va desde el crucero Rubio a Eusebio Lillo se le denominaba Maipú.
La lámina muestra parte de calle de la Victoria captada por Odber Heffer en el año 1900, es decir hace poco más de un siglo, tiempo suficiente para que la fisonomía de algunos barrios sufriera mutaciones que hacen casi imposible su ubicación por las generaciones posteriores que sólo tiene referencias del pasado cuando son estudiosas de él, lo que no es común en el grueso de los ciudadanos, que se muestran indiferentes ante la historia.
Valparaíso, y en especial el sector de El Almendral, tuvo otro cambio obligado no motivado por la acción del hombre, sino por la decisión de la naturaleza, que asoló nuestra ciudad el 16 de agosto de 1906, cuando un movimiento telúrico prácticamente la destruyó. Alfredo Rodríguez Rozas y Carlos Fajardo Cruzat, autores de un texto sobre esa espantosa tragedia, señalan que en la calle de la Victoria: “Desde la plaza de la Victoria, hasta la calle Manuel Rodríguez, en una extensión de tres cuadras, tomando en cuenta ambas aceras, no quedaron sino dos casas en pie aunque en muy mal estado: la del respetable vecino D. Juan Byers y la del Sr. Almirante de nuestra Armada Nacional y ex Presidente de la República, D. Jorge Montt”.
La lámina nos muestra algunos aspectos interesantes como es el caso de la doble Vía para el desplazamiento de los carros de sangre primero y después, desde 1903, de los tranvías eléctricos, que desaparecieron a comienzos de 1950, cuando aparecieron los trolebuses, cuya presencia tan útil, se desvanece lentamente. También parece relevante la protección que se prodigaba a las especies arbóreas para permitir su desarrollo y evitar que vándalos las destruyeran, como suele ocurrir hoy. La calzada mostraba el empedrado característico de la época, que no se compadece con el presente, en que la población merece disponer de pavimentos cómodos y bien tenidos. Se advierte así mismo la presencia de un carro repartidor tirado por caballo, que utilizaban modestos empresarios panaderos, lecheros o los distribuidores de verduras. Este sistema perduró hasta pasado el medio siglo, en que ese tipo de distribución se tornó motorizado. Los envíos a domicilio son ahora de otras características, entre ello, gas licuado, pizzas y otros productos.
Texto de Luciano Figueroa C.
Reproducción perteneciente a El Mercurio.
|