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El Membrillo es un sector de avenida Altamirano, cuya característica principal es la presencia de la Caleta de Pescadores, ubicada junto a un antiguo castillo, con historia por cierto, pero sin fantasmas.
Perteneció a uno de los intendentes que más contribuyó al progreso de Valparaíso, como fue Francisco Echaurren García-Huidobro. Después se convirtió en sede de restaurantes de categoría, entre ellos uno que contaba con un cheff francés y a mediados del siglo pasado el “Tirrenia” de propiedad de Delio Sívori, Nicolás Dezzerega y Ramón Cortés. En 1908 se instaló Antonio Fornoni Maffei, quien en 1924 construyó una rotonda contigua, donde continuó desarrollando sus actividades. Estas alcanzaron su mayor esplendor en la época de Vittorino Fornoni, en las décadas del 30 y 40, junto a sus hijos Italo, Oscar, José y Luís. Hoy las prosigue uno de sus descendientes, Antonio Fornoni R., en Viña del Mar. Uno de los últimos propietarios de esa rotonda fue Juan Cúneo, cuya familia mantiene el restaurante El Castillo, en la parte alta de Playa Ancha. Esas dos construcciones albergan en el presente al Instituto de Pesquería y Alimentos de la Universidad Católica de Valparaíso. La fotografía del 1900 muestra el mencionado castillo y el sector donde en el presente están el molo y las instalaciones de los pescadores. Se aprecian los botes pesqueros de esa época, reemplazados hoy por embarcaciones modernas, dotadas por lo menos con motor fuera de borda.
Otra de las características del lugar es la devoción que los pescadores y sus familias mantienen por la figura de San Pedro, su santo patrono, la que exteriorizan fundamentalmente el 29 de junio. Fecha en que se recuerda al primer Papa. La imagen del santo es retirada de la Capilla, donde se le venera, subida en una embarcación, la cual encabeza una procesión marítima que recorre la bahía. Participan las autoridades civiles, eclesiásticas y militares, las organizaciones católicas y las cofradías de los bailes chinos, luciendo sus mejores atuendos y su música tradicional. A la izquierda se alcanzan a divisar los mástiles de los veleros de pasajeros y carga anclados en el puerto y en la curva las baterías del fuerte “esmeralda”.
Texto Luciano Figueroa C.
Propiedad de El Mercurio
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