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Los carros de sangre marcaron toda una época en el transporte urbano de Valparaíso. Aparecieron en esta ciudad en 1861 cuando se construyó la Compañía de Ferrocarril Urbano, creada por iniciativa del ciudadano británico Carlos Swinburn. Se disponía de una dotación de 45 de estos vehículos, según contaba Santos Tornero.
Transportaba 24 pasajeros sentados en primera clase y 30 en imperial, naturalmente con cifras más económica. La empresa no sólo tenía que preocuparse de la mantención de los carros, sino que también y muy especialmente, de los caballos que los arrastraban, para los cual se habilitó una caballeriza con capacidad para 350 ejemplares.
A comienzos del siglo pasado, en 1903, fueron reemplazados por los tranvías eléctricos, vehículos de características similares, pero más afinados y de tamaño un poco mayor. A ellos se sumaron por allá por 1922 los modelos adquiridos en Bélgica, de dos pisos, que atendieron el servicio hacia Viña del Mar y Chorrillos.
Los tranvías desaparecieron al principio de la década de los 50 cuando aparecieron los trolebuses que circulan hasta hoy, con la ventaja sobre otros medios de movilización, que no son contaminantes.
El carro de sangre que observamos en la lámina pertenece al Ferrocarril Urbano de Playa Ancha que iniciaba su recorrido en el lugar que vemos en la fotografía. La hoy plaza Aduana, antes plaza Wheelwright. Está estacionado ente el edificio de Aduana, construido en 1854 por Juan Brown, inmueble que se conserva hasta el presente y que debiera ser cede del museo que recuerda la historia, personajes y actividades de Valparaíso. LFC.
Propiedad de “El Mercurio”
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