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Valparaíso a través de su historia ha registrado violentos temporales, que se han traducido en daños de consideración en la ciudad, pero también en la bahía, con naufragios y pérdidas de vidas.
La lámina muestra en el 1900 a una ola gigante, como muchas otras, que azota el borde costero, la costanera de la época, y desde 1945 paseo “Agustín Edwards Mac Clure”. En múltiples ocasiones se han registrado olas de mayor tamaño aún, que han llegado hasta la calzada, “bañando” a los transeúntes y a las personas que acudían al lugar para presenciar la furia del mar.
Numerosos son los barcos que se han estrellado contra la costa, como consecuencias de los oleajes producidos en períodos de mal tiempo invernal. En el pasado esta situación era más frecuente, pues en la bahía siempre un mayor número de buques consecuencia de un movimiento marítimo más intenso, debido al menor tamaño de las naves y su permanencia más prolongada junto a los recintos portuarios o en el centro de la bahía en espera de sitio para descargar o cargar.
Uno de los períodos de mal tiempo más crudo y más recordado por los antiguos porteños fue el de 1940, cuando la potencia de las olas, el 22 de mayo, dio vuelta de campana al dique Valparaíso I, en cuyo interior se encontraba sometido a reparaciones el mercante “Chile”, de 4.200 toneladas. Ese hecho permitió que tiempo después, el 17 de agosto de 1941, el ingeniero Federico Corssen Dechler, hoy con 105 años de edad, reflotara esa estructura, mediante sistemas por él ideados y después que consorcios internacionales desistieran de ejecutar una operación de esa naturaleza por las complicaciones que presentaba. El mencionado Dique concluyó su existencia en la apacible tarde del 5 de marzo de 1980, cuando en momentos que nadie imaginó, se hundió ante la expectación de los porteños que se percataron de ese sorprendente acontecimiento.
Luciano Figueroa C.
Propiedad de El Mercurio.
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